Ovulos Walt Disney o el porvenir


El ginecólogo me invitó a congelar óvulos el año próximo. Hay un precio inicial: 20 mil pesos.  Y un precio de mantenimiento por año: 3 mil. Hay que calcular la inflación, ¿no? Y ver qué pasa con el cambio de gobierno, también. Yo me pregunté que hasta dónde había llegado el capitalismo. Es como una inversión a futuro. Un lote. Un autito. Ovulos. ¿Por qué no? El resultado no es una renta sino un pibe. Con mi genética. Que vale.

Luego dice, el ginecólogo: ¿pero vos cuántos tenés? ¿34? Parecés de 28.

Me restó 6 y me dije: acá bien el tipo. Halagador. Igual siempre me dan menos, eh.

Le contesto, sin timidez: no se preocupe, mis óvulos son tan jóvenes como mi apariencia. Hay buena genética en todo el cuerpo, acá, eh. No en una parte nomás.

Salí del Instituto de Fertilidad. Porque atiende ahí.

Y mientras caminaba tuve un diálogo conmigo misma. Yo lado A y yo lado B.

A -  Tengo que mudarme a una ciudad en la que no haya 8 hombres por cada mujer. Ya. Lo tengo que hacer ya.  

B- No empieces con esas estadísticas bajoneras. La soltería es tu culpa.

A -  Muchas mujeres están en mi situación…

B – Y otras muchas, no.


Estoy por cruzar la calle. Semáforo. Mi parte A es re sensible, quiere que le digan que va a estar todo bien y todo eso…   Y le dolió lo de recién, la verdad. Mi parte B podría ser ladrona de bancos o algo así. B es mafia emocional.


A - La soltería no es mi culpa. Hay muchas variables... Y las estadísticas influyen, sí. Sí. Definitivamente. Sí. Sí. Es así. Sí.

B -  No son variables, boluda, sos intratable. Posta.

A – Voy a reemplazar eso que dijiste por un pensamiento positivo.

B – Esos libros de autoayuda van a terminar con lo que queda de tu autoestima. La tenés por debajo de la línea de pobreza, en serio, no la pases a desnutrición.

A – Son tips. Y a veces sirven. Voy a reemplazar “intratable” por “encantadora”. Me lo han dicho. Me han dicho: sos encantadora.

B - ¿A cuántos días de conocerte? Dos, tres… No sé. Ponete Tinder.

A – ¡Tinder! ¿Yo? ¿Yoooo? O sea… ¿Yo?

B- Esta es la parte en la que te creés especial, okey.

A – Para nada. ¿Qué tiene de malo Tinder? Hay gente que se conoció por Tinder y se casó.

B.- A vos no te va a pasar. Pero al menos salí a tomar una cerveza con algo que se parezca a un hombre, por favor, hacelo.

A – No me gusta nadie. Nunca. Sólo Pepe Mujica. O los que me gustan… no van. No van. No se da. Es algo astral. 

B - ¿Vos no ves tu actitud? Los ahuyentás, boluda. Tenés la banda que dice “peligro” alrededor de tu mente.  

A – No es así. Yo soy encantadora.

B – Otra vez…

A - Soy inteligente.

B – Ponele. Un poco. Sí.

A – Soy honesta.

B – Con la honestidad no se coge.

A – Con la honestidad se re contra coge. Yo veo a un tipo honesto y me caliento mucho, ¿sabés? La honestidad es hot. La humildad es hot. Y que las tenga bien puestas pero las lleve con tranquilidad, es hot.

B – Mmm… Es verdad.

A – Y soy un poco linda.

B – Bueh. La voy a dejar pasar.

A - Y cuando amo, re amo. Con toda.

B – Eso es lo más indiscutible que dijiste. Pero sos hipocondríaca.

A – Es lo más indiscutible que dijiste, ¿pero qué tiene que ver?

B – Te quiero tirar abajo, A. Bien abajo.

A – La hipocondría la heredé, no es mi culpa.

B -  Después de los 30 sos responsable de tu cara, no vengas con papá y mamá.

A – Okey. Eso sí.

B – Si empezamos a echar culpas…

A – Okey, okey. Te lo tomo. El tema era…

B – Que ya estás en edad…

A – Los óvulos.

B - ¿Los vas a pagar?


Me subo al colectivo. “Hasta Cabildo y Juramento”. Viajo parada. Me agarro de donde puedo. En todo sentido, ¿no?


A – B…

B – Sí…

A – Vos que sos mi peor enemiga…

B – Sí…

A - ¿Vos... pensás que tiene que haber un hijo mío en el mundo?

B – Si ahora lavás la espinaca hasta dejarla sin color… ¿Cuando le cocines a tu hijo qué vas a hacer? Quizá para esa época exista un esterilizador de espinaca.

A – Dale, en serio.

B – En serio, pagaría por ver cómo lo llenás de miedo, hipocondríaca.

A – Yo pagaría por verlo.


Se hace un silencio, en mi interior. A y B se callan. Ruido de la calle, de los autos, de la vida chiquita, cotidiana.


B – Me vas a hacer llorar.

A – Yo ya estoy llorando.

B – Okey… yo también. Pero a mí se me pasa rápido porque lo reemplazo por un poco de odio o resentimiento. A vos no.


Y otra vez el silencio.  Ahora soy sorda a toda esa vida de afuera porque sólo existe esta conversación, adentro, digamos. Odio, resentimiento… A quiere hacer como que B no existe. Para A, B está afuera de ese colectivo. Afuera de ella. Afuera de mí.


A – Honesto. Humilde. Sereno. Emocionado por la vida. Como yo. Si tiene miedo lo abrazo.


Imagino a un varoncito con rulos que corre por un campo, con girasoles y algodón. Cosas lindas. Lindísimas.


A – Miralo.

B – Girasoles, ¿te parece?

A – No sé, qué se yo. El me parece.

B – No está mal. Mirá cómo corre con esas piernitas. Cortas como las tuyas.

A - ¿Podemos tener un hijo, entonces?

B – Dejame pensar.


A espera... le da tiempo a esa respuesta que a B le cuesta tanto pero tanto. B sufre. Toca fondo. Pero habla como si no le pasara nada. Indiferente.


A - ¿Y? ¿Podemos?


Y de pronto, algo así como una revelación: B es la que tiene miedo, no A. B es la que deja sin color a la espinaca. 

Y me vengo a dar cuenta a los 34. 

Sonrío.

20 mil… más 3 mil por año.

De 28 parezco.

Pero no hay número que mida lo que siento ahora.  


B - Con ese sentimiento hacen guita los laboratorios y los doctores, "mami".

A - Lo único que no tenía precio, ¿no? La vida. La vida no tiene precio, decíamos. 

B - Eso decíamos. 

A - El capitalismo llegó a nuestros óvulos.

B - Maldito capitalismo.

A - Pero también, en este caso, nos da la posibilidad de decidir.

B - Cuando te comprás zapatillas sentís lo mismo, que decidís sobre vos misma, linda. Y Adidas se llena de guita haciéndote sentir que sos vos misma.

A - Me encanta Adidas.

B - Tirá todo lo que tenés. Incluso las Adidas. 

A - Uy, qué duro eso.

B - Y confiá en la vida. En la de verdad. Y en el porvenir.

A - Malditos óvulos Walt Disney (porque está congelado)... 

B - Y después pensá si querés tus óvulos Disney, sí. (Se entendió el chiste). Pero antes tenés que saber quién sos. ¿Quién sos? 



Cabildo y Juramento. Me meto rápido por calles que bajan hacia el río. Salgo del ruido que detesto. Pienso: ¿por qué vivo acá si hace tiempo que no soy feliz, acá? La ciudad no es para mí. ¿Dónde quiero vivir, cómo? ¿Qué zapatillas usar? ¿Qué vidas criar? ¿Cómo? ¿Para qué? ¿Cómo forjar, honestamente, el porvenir?

Llego a casa.


A - Qué quilombo ser mina. Desde la depilación como método de tortura quincenal hasta Disney en nuestros sueños de esposas y de madres. 

B - ¿Querían trabajar? ¿Y tener su personalidad? ¿Y tener tiempo para desarrollar sus ideas acerca del mundo y de ustedes mismas? Ahora van a ver lo que les pasa con el amor y con los hijos. 

A - ¿Es tan así?

B - Un poco sí.

A - No sé.

B - Pensémoslo, al menos.



Silencio. Me saco las Adidas. Me recuesto en el sillón.



A - Okey, pensémoslo.



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